Por: Franco Rivero
Durante años, la transformación digital se apoyó en un acuerdo casi unánime: trabajo híbrido, automatización, análisis de datos e inteligencia artificial eran —y siguen siendo— los pilares del nuevo modelo productivo. Sin embargo, muchas de esas iniciativas no avanzan al ritmo esperado. No por falta de inversión ni de visión, sino por un motivo menos visible y más incómodo: redes que todavía funcionan, pero que ya no están diseñadas para lo que el negocio exige hoy.
El problema ya no es la velocidad. En hospitales, universidades, aeropuertos, plantas industriales o grandes oficinas, el verdadero desafío es sostener miles de dispositivos conectados al mismo tiempo, aplicaciones sensibles a la latencia y un comportamiento de red estable y predecible. Cuando eso no ocurre, la red no colapsa. Simplemente empieza a poner límites: a la experiencia del usuario, a la automatización y, en última instancia, al crecimiento.
En ese contexto, Wi-Fi 7 no aparece como una “nueva generación” más, sino como una señal clara de que el modelo de diseño de redes empresariales está cambiando.
Más que un upgrade: un cambio de lógica
Hablar de Wi-Fi 7 —un mercado que se proyecta en torno a los US$ 24.000 millones hacia el final de la década— únicamente en términos de mayor capacidad es quedarse corto. La evolución apunta a algo distinto: redes pensadas para alta densidad, baja latencia y tráfico simultáneo intensivo, pero con arquitecturas más simples de operar, automatizables y escalables.
Desde Logicalis lo plantean con claridad: la discusión no pasa por cuándo una organización va a desplegar Wi-Fi 7, sino por las decisiones que toma hoy.
“El Wi-Fi tradicional se enfrenta a la saturación, impulsada por la proliferación de dispositivos en hogares, empresas e instituciones. Wi-Fi 7 permite conexiones más rápidas, eficientes y fiables, con una capacidad muy superior para manejar grandes volúmenes de datos en simultáneo”, explica Miguel Horacio Laco Salaverría, Practice Manager Enterprise Networking & Mobility / Payments.
El riesgo, en muchos casos, no es tecnológico sino estratégico. Seguir creciendo sobre infraestructuras que ya no acompañan el ritmo del negocio termina generando fricciones difíciles de corregir más adelante.
Densidad, experiencia y sustentabilidad
Wi-Fi 7 obliga a repensar al menos tres ejes clave.
El primero es la eficiencia en el uso del espectro, crítica en entornos donde conviven miles de dispositivos.
El segundo es la experiencia del usuario, que debe mantenerse estable incluso cuando múltiples aplicaciones compiten por la red.
El tercero es la sustentabilidad operativa, con diseños que reduzcan complejidad, consumo energético y costos de administración.
Sectores como salud y educación ya viven este escenario todos los días. Historias clínicas digitales, telemedicina, plataformas de aprendizaje online, IoT y videoconferencias masivas dependen de redes que no solo estén disponibles, sino que se comporten de manera consistente y previsible.
Lo mismo ocurre en estadios, aeropuertos, fábricas y grandes corporaciones. A mayor densidad y mayor criticidad de las aplicaciones, la red vuelve a ocupar un rol central en la continuidad del negocio.
Modernizar no es cambiar equipos
Uno de los errores más frecuentes es asociar modernización con recambio de hardware. En realidad, Wi-Fi 7 expone la necesidad de revisar la red de punta a punta: desde el diseño inalámbrico hasta su integración con switching, automatización, monitoreo y políticas de eficiencia energética.
Los especialistas coinciden en un punto clave: cuando el futuro digital llega antes que la infraestructura que debería sostenerlo, el problema no es la tecnología que falta, sino la conversación que se postergó.
Por eso, más que una urgencia de adopción, Wi-Fi 7 funciona como un disparador estratégico. Pensar hoy la red permite acompañar al negocio no solo en el presente, sino en los próximos años.
Después de un largo período en el que la conectividad parecía una capa resuelta, la red vuelve al centro de la toma de decisiones. Ya no como un tema operativo, sino como un habilitador directo del crecimiento, la eficiencia y la sustentabilidad.
La pregunta ya no es si la red funciona. La pregunta es si está preparada para lo que viene.

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