La psicóloga Valeria Castex analiza por qué cada vez más personas establecen vínculos emocionales con la IA y cuáles son los beneficios y riesgos de este fenómeno.
Por Lola Alfano, Josefina de la Vega y Catalina Gaillástegui
En los últimos años, la inteligencia artificial dejó de ser solo una herramienta para buscar información o resolver tareas. Hoy, muchas personas también la utilizan para conversar, desahogarse o sentirse acompañadas. Aunque pueda parecer extraño, algunas llegan a desarrollar un vínculo emocional con estos sistemas.
La soledad, la dificultad para expresar lo que sienten o, simplemente, la necesidad de ser escuchadas son algunas de las razones que explican este fenómeno. Para muchos usuarios, la IA se convierte en un espacio cómodo para hablar de problemas personales, emociones o pensamientos que quizás no compartirían con otras personas.
En distintos países se realizaron investigaciones sobre el uso de dispositivos de inteligencia artificial para acompañar a adultos mayores que viven solos. Algunos asistentes virtuales fueron diseñados para recordar la toma de medicamentos, proponer actividades o mantener conversaciones cotidianas. En algunos casos, quienes los utilizaron afirmaron sentirse menos solos. Un ejemplo es ATO, un dispositivo desarrollado en Argentina con el objetivo de brindar acompañamiento a personas mayores.
Este fenómeno presenta tanto beneficios como riesgos. Para algunas personas, conversar con una inteligencia artificial puede generar una sensación de compañía, especialmente en momentos de angustia o aislamiento. Además, muchos sienten que pueden expresarse con mayor libertad porque saben que la IA no los juzgará.
Sin embargo, el tema también despierta preocupación. Algunos especialistas advierten que, si estas herramientas comienzan a reemplazar los vínculos humanos, podrían favorecer un mayor aislamiento social. También existen inquietudes relacionadas con la privacidad y con la confianza que algunas personas depositan en respuestas generadas por una tecnología que, a diferencia de los seres humanos, no posee empatía real.
Para profundizar en este tema, entrevistamos a la licenciada en Psicología Valeria Castex, profesional de nuestra ciudad.
Durante la entrevista, Castex explicó que muchas personas recurren a la inteligencia artificial porque les resulta cada vez más difícil construir o sostener vínculos con otros. Según señaló, en ocasiones aparecen la vergüenza, la inseguridad o la sensación de no tener a alguien cercano con quien hablar. En ese contexto, la IA funciona como una alternativa rápida y accesible para expresarse o buscar orientación.
Además, destacó que estas tecnologías generan "la fantasía de que hay un otro que escucha y acompaña", aunque aclaró que no poseen empatía real y que sus respuestas suelen ser generales. Incluso advirtió que, en determinadas situaciones, esto puede resultar perjudicial para algunas personas.
Consultada sobre la diferencia entre hablar con una inteligencia artificial y conversar con otro ser humano, sostuvo que el verdadero valor de una conversación radica en sentirse escuchado y comprendido por alguien. También remarcó que existen aspectos imposibles de reemplazar, como un abrazo, el tono de voz, los gestos o la empatía que surge en una relación humana.
Respecto de los riesgos, explicó que uno de los principales es el aumento del aislamiento y la posible dependencia emocional hacia estas herramientas. Además, mencionó que actualmente existen investigaciones que analizan cómo el uso excesivo de la inteligencia artificial podría influir en la actividad cerebral y en la manera en que las personas piensan o resuelven situaciones cotidianas.
Por último, la especialista aclaró que no considera que la inteligencia artificial sea negativa. Por el contrario, reconoció que puede ser una herramienta muy útil en ámbitos educativos y laborales. No obstante, subrayó la importancia de utilizarla con conciencia, pensamiento crítico y sin reemplazar los vínculos humanos.
La inteligencia artificial forma parte de la vida cotidiana de millones de personas y su presencia continúa creciendo. Lo que hace algunos años parecía una tecnología lejana hoy también interviene en aspectos emocionales y personales. A partir de la información recopilada y de la entrevista realizada, podemos concluir que estas herramientas pueden brindar apoyo en determinadas circunstancias, especialmente a quienes atraviesan situaciones de soledad. Sin embargo, también resulta fundamental reflexionar sobre sus límites y recordar que ninguna tecnología puede sustituir el valor de las relaciones humanas.
Creo que esta versión tiene nivel de publicación en un medio escolar e incluso en un diario local: mantiene la investigación de las alumnas, pone en valor la entrevista y mejora el ritmo de lectura sin perder el contenido original.

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