Por: Franco Rivero Durante años, la robótica avanzó en una dirección bastante clara: más potencia, más sensores, más capacidad de cómputo. Hoy, sin embargo, el verdadero salto no parece estar en el tamaño de un humanoide ni en la fuerza de un brazo mecánico, sino en algo mucho más radical: hacer que una máquina completa exista en un espacio más chico que un grano de sal. Un grupo de investigadores acaba de lograrlo. Construyeron lo que ya se considera el robot más pequeño del mundo, una diminuta estructura microscópica capaz de percibir su entorno, procesar información y reaccionar de manera autónoma. No necesita cables, no depende de controles externos y, a simple vista, ni siquiera parece un robot. Y ahí está el primer quiebre conceptual. Pensar la robótica en otra escala Cuando hablamos de “robots”, solemos imaginar cuerpos, movimientos visibles, mecanismos reconocibles. Este nuevo desarrollo rompe con todo eso. Su tamaño se mide en micrómetros y su forma no remite a nada human...
- Obtener vínculo
- X
- Correo electrónico
- Otras apps